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“La plaga no está hecha a la medida del hombre, por lo tanto el hombre cree que la plaga es irreal, es un mal sueño que tiene que pasar. Pero no siempre pasa, y de mal sueño en mal sueño, son los hombres los que pasan”
Albert Camus (1913-1960); de su novela “La peste” (1947).

Lo dijo Carlos Pagni, lúcido analista de la derecha nativa, en su programa de televisión: “Si no hay pan, que haya circo”. El problema es que el circo también hay que pagarlo y sufre, como todos y a veces más, la malaria de la insólita economía de the president McCree & his Cut Boys, tan virtuosos a la hora de romper récords.

El show de Comodoro Py, con el juez William Boo Nadío a la cabeza, resulta bastante más rendidor y barato (salvo por esa manía recurrente de agujerear la Patagonia con máquinas de Vialidad) que la deprimente Superliga, debilitada por la kryptonita de los recesos, la prioridad que los clubes le dan a cualquier torneo internacional dolarizado y la creciente malaria que aleja a los hinchas no profesionales de las tribunas.

La cosa está difícil. A algunos les crecen los enanos, y a los otros, ¡ops!, se les fugan. En eso están.

Detesto la ultracitada frase sobre “el árbol que no deja ver el bosque”, pero resulta ideal para relativizar la euforia que, no lo dudo, desatará nuestro superclásico: otro súper con precios cuidados que no se encuentran nunca. No es oro lo que reluce, sí tal vez la luz al final del oscuro túnel que soñó Michetti. Es un tren, y viene de frente.

Luego del partido, el fútbol sufrirá lo que nos advertía la vieja frase que escribiré en riguroso inglés, como para no desentonar. “Hold on, Catalina, we’re going to gallop!”.

Lo mismo pasó jueves y viernes con la fiesta que desató el exitoso desarme de la bomba Lebac por la bomba Lecap, el pesito que bajó el dólar, la suba del 12% de los bonos en dólares y la llegada de nuevos capitales yo-yo, locos por la enésima temporada de Bike in the City, la serie donde siempre ganan los mismos. Al mismo tiempo, pero en un insólito segundo plano, el Indec revelaba que, durante el segundo trimestre de este año, el PBI cayó un 4,2% en relación con igual período de 2017. Wow. Blanco ahí, negro acá. Verde, en general.

Sonamos. Porque en ese barrio descascarado, el de la economía real, vivimos nosotros, compatriotas.

Los representantes de jóvenes cracks y extranjeros que eligieron el fútbol argentino como vidriera para llegar a Europa o México, están en alerta roja. Cuando firmaron, ayer nomás, el dólar no alcanzaba los 23 y hoy toma sol en los 40 pesos, pese a la bonita pieza de ciencia ficción titulada Presupuesto 2019, que el miniministro Chocoarroz Dujoven de Lagarde presentó en el Congreso. Ahora, la historia es otra.

“El que depositó dólares recibirá dólares”, dijo Duhalde, y el suelo de la patria crujió. Los que cobran en divisa no son tantos, pero son como una montaña de pesificados. Pensar en el pase de Pratto en enero, el más alto en la historia de River, 11 millones más gastos con el dólar a 20, da vértigo. Algo más que eso le dará a Rudolf D’OnoCold y los suyos si no amortizan semejante inversión levantando la copa. Algo más que el orgullo deportivo se pondrá en juego contra Independiente.

“Los jugadores tienen una cláusula de ajuste automático del 20% al 30%, que lejos está del dólar a precio de hoy. Tienen razón en sentirse perjudicados, pero eso nos pasa a todos”, se sinceró el presidente de River que, como su colega Angel Easy, de Defensores de Macri, Smile White de Racing, Súper Suegro Moyano de Independiente, y Lament de Saint Loren, nunca hablan sobre los contratos privados, dolarizados o con un límite pactado. Hay de todo.

Los colombianos Quintero y Cardona, el arquero argentino-chileno Arias, su colega oriental Campaña, los juveniles Pavón, Senesi, Zaracho, Palacios, y los no tan chicos Centurión, Benítez, Benedetto o Meza, imaginan nuevos destinos. Carlos T.Vez, ex jugador del pueblo degradado por Maradona, maldice por lo bajo, pero no está como para irse a ninguna parte. Tampoco Armani, por fin en los dos arcos que soñaba.

Con los técnicos pasa lo mismo. No sería raro ver a Gallardo en el Mónaco, y varios de la escudería Braga R. Nik, en México.
¿Es todo drama para los clubes? Casi. Como su matriz económica está pesificada, sus costos, sueldos incluidos, se han licuado a la mitad en solo nueve meses. Parto con dolor. Los mejores se irán, y los que queden trabajarán como puedan. Los clubes ajustarán hasta la inversión en semillas y el cuidado de los campos de juego. ¿Se acuerdan del barro y las líneas borradas de los años 80? Bueno.
Hay una paradoja cruel y singular; una suerte de maldición bíblica, como fueron, para el sector del campo, las inundaciones primero y la sequía después.

Los dueños del fútbol pagan en pesos, para angustia de los dirigentes que, hace un año, brindaban con champagne. El Fútbol para Todos pagó en su último año 1.600 millones, con un dólar a 9, lo que en dólares equivalía (con cepo, es cierto) a 180 millones. Este año el reparto será de 3.600 millones con un dólar a 40, lo que significa… 90 millones. La mitad. Creer o reventar.

Los opositores furiosos juran que esto es “cosa e’ Mandinga”; es decir, de la Equina Depuesta. Los otros no saben si reír o llorar.
Sin pan, con la carpa del circo hecha bolsa y los payasos pasados de rosca, habrá que ser fuertes, seguir vivos (si nos dejan), resistir.

Para no ser más nosotros, los mismos de siempre, el jamón de este fucking sándwich.

Esta nota fue publicada en la Edición Impresa del Diario Perfil.