Compartir

Por Pablo Mendez Shiff

Javier Sinay y Higashi en Kabukicho, la zona roja de Tokio
Javier Sinay y Higashi en Kabukicho, la zona roja de Tokio

Tras una sensación de estremecimiento inicial, el periodista Javier Sinay encontró la oportunidad de vivir una aventura. Una de esas aventuras que se presentan como una revelación y que uno sabe, desde ese mismo momento, que van a abrir puertas a universos desconocidos. Desde hacía un año, salía con una joven argentina de ascendencia japonesa, Higashi, que le acababa de contar que se iba a ir a estudiar afuera por un año. Y no se iba a ir a Colonia del Sacramento sino al país de sus ancestros, más precisamente a Kioto, para estudiar con una beca los pormenores del chado, la ceremonia del té.

La templanza de su novia le hizo entender a Javier que la idea de mantener una relación a distancia por unos meses no era descabellada. Sabía que quedarse esperándola en Buenos Aires no era la mejor opción y, con esa determinación en la cabeza, empezó a pensar el recorrido que él haría para paliar la espera: dicen que viajando se fortalece el corazón.

Si bien su idea inicial era hacer un viaje no demasiado largo para coincidir con Higashi en sus vacaciones, Javier decidió hacer un itinerario más ambicioso cuando se enteró de que se había quedado sin trabajo. Había sido durante unos meses el corresponsal de un diario mexicano que de pronto ajustó la planta de su personal y eso significaba, entre otras cosas, que iba a disponer de más tiempo. Sabía que quería seguir trabajando en periodismo, pero luego de años en redacciones no quería trabajar en una organización grande, cumpliendo otra vez horarios de oficina. Así fue como vio que, ya que estaba, podía aprovechar para pasar primero por España a visitar unos amigos y de ahí cruzar a Japón. Y, como entre España y Japón mediaban varios otros destinos que despertaban su interés, por qué no visitarlos. Podría recorrer varias ciudades, podría buscar nuevas historias, mientras se iba acercando a Higashi, que en japonés quiere decir Este.

“Camino al este” (Tusquets), de Javier Sinay
“Camino al este” (Tusquets), de Javier Sinay

Nueve países, veinte ciudades y 14.953 kilómetros. En este orden: España, Francia, Alemania, Belarus, Rusia, Mongolia, China, Corea y Japón. En cada uno de estos destinos de Europa occidental y Eurasia, Javier escribiría notas periodísticas de modo freelance, apuntando a iluminar distintos puntos de esas culturas para una audiencia argentina. ¿Y por qué no también escribir un libro sobre estos viajes?, se preguntó. Para responder a esa pregunta, tuvo que formularse otra: ¿qué puede hilvanar, que puede conectar a lugares y culturas tan diferentes entre sí?

“En un momento, mientras buscaba historias y pensaba en la mía, me di cuenta de que tenía que ir a buscar historias de amor. historias de lo que hace la gente cuando está enamorada, entendiendo al amor en todas sus facetas: compañía, soledad y sexualidad”, le cuenta Sinay a InfobaeCultura  en un bar de Villa Crespo. Puesto que él mismo estaba yendo del sur hacia el este por amor, ese fue el denominador común que llevó al periodista a ir buscando historias en cada una de las 20 ciudades que visitó. El resultado de ese trabajo es Camino al Este. Historias de amor y desamor (Tusquets, 2019), el libro que acaba de publicar.

Padres y madres que buscan parejas para sus hijos treintañeros que aún no se han casado y cruzan sus currículos como una suerte de Tinder andante en un parque de Japón, una pareja de actores porno que vive y trabaja en Barcelona, una periodista neoyorquina que lanza una campaña para prohibir los candados que representaban al amor inmortal en los puentes de París.

En el viaje, Sinay va buscando perlitas que tengan que ver con la idiosincrasia del lugar, con los temas que le interesa tocar y con su propia historia con Higashi, que está en la génesis y la estructura del libro. A la hora de pensar cómo narrar su propia historia, de cómo lidiar con el hecho de ser autor y sujeto a la vez, Javier reconoce la influencia del escritor francés Emanuel Carrère: “Me gusta cómo trabaja el tema de su intimidad mezclada con sus investigaciones periodísticas. Lo leí y me dejé impregnar”.

¿Le dio miedo escribir sobre amor, un tema que nos atraviesa pero que a menudo es considerado cursi o hasta superficial en el discurso público? “Nunca me dio miedo porque soy un gran lector de perfiles y ahí siempre aparecen historias de la vida cotidiana. Me gusta escribir sobre eso así que nunca tuve miedo”, responde Sinay. “Pero sí hubo mucha gente que me lo advirtió, que me dijo ‘Cuidado que escribir de amor es peligroso, ya se escribió mucho sobre amor y no se puede decir nada más’, pero ni me llegaron esas críticas. ¡Si el amor es el tema sobre el que todo el mundo habla! Julio Villanueva Chang, el editor de la revista Etiqueta Negra, tiene una cruzada para que se escriba más sobre temas cotidianos y dice que no hay temas moralmente superiores. O sea, escribir sobre la guerra no es mas importante que hacerlo sobre lo que está pasando en este bar. Lo importante es hacerlo bien, extraer sentido y significado de esas historias, que le dejen algo al lector, transmitirle una experiencia”.

Se pueden trazar muchas analogías entre el acto de amar y el de viajar. En Fragmentos de un discurso amoroso, Roland Barthes apela por ejemplo a la figura del buque fantasma, puesto que el ser humano “está condenado a errar hasta la muerte, de amor en amor”. Además de releer a Barthes y Carrère, Sinay repasó las crónicas de viaje de Marco Polo, haikus de Matuso Bashō y textos de Pico Iyer, un escritor británico-americano que publica asiduamente en Time y The New York Times. Devoto del registro de no ficción, no hubo cuentos o novelas en la lista de lecturas que Sinay usó para escribir Camino al Este.

Javier Sinay en Itaeown, Seúl
Javier Sinay en Itaeown, Seúl

“Creo que hay dos movimientos del amor que son muy comunes a nuestra época: uno son las relaciones a distancia y el otro son las apps: Tinder, Happn”, reflexiona el autor. “Están cambiando la forma, no sé si la esencia, del amor, más rápido de lo que podemos interpretarlo. De hecho, Higashi y yo nos conocimos en Happn y no sé si nos hubiéramos conocido de otra manera… teníamos amigos en común, yo la seguía en Twitter tres años antes de que nos conociéramos y su padre le había regalado uno de mis libros a su hermana. Me intriga mucho saber si todo es azar o es destino. Les contamos la historia a un japonés mientras estábamos allá y nos dijo: ‘Para mi no es raro conocer a alguien en una app, porque si estás en un bar las luces están bajas, estás borracho, hay ruido, no escuchas nada. En cambio, en una app estás tranquilo, podes pensar’. Con los japoneses, no se sabe si están ridículamente confundidos o ridículamente adelantados”, dice entre risas.

Tras un recorrido que lo llevó desde el sur de América Latina hacia las profundidades de Oriente y que lo hizo escuchar y ponerse en contactos con historias tristes y felices de gente anónima, queda una pregunta obligada. ¿Qué es, entonces, el amor? “El amor tiene muchas aristas: lo sublime y lo cotidiano, lo apasionado y lo aburrido. Y cuando funciona es porque hay un equilibrio entre todo eso, ¿no?”, plantea Sinay antes de pedir la cuenta en este bar de Villa Crespo. Afuera llueve y Higashi lo está esperando para cenar.

SEGUÍ LEYENDO

Un castillo perdido, dos niñas salvajes: la historia detrás de las hermanas que inspiraron “El Principito”

El asombroso caso de la artista judía alemana que huyó de la locura nazi creando una obra de arte inmortal