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Apareció Patricia Bullrich con su peligrosa reglamentación para el uso de armas de fuego por parte de las Fuerzas de Seguridad, y anuló los efectos de la fiesta de la Cumbre
Apareció Patricia Bullrich con su peligrosa reglamentación para el uso de armas de fuego por parte de las Fuerzas de Seguridad, y anuló los efectos de la fiesta de la Cumbre

Invitado al programa político Desafío 20.18 Juan Tokatlian cerró su análisis de lo que dejó el G20 con distinción y originalidad. Entonó una de las estrofas de Fiesta, que para el gusto de muchos es uno de los mejores temas de Joan Manuel Serrat:

“Y con la resaca a cuestas
Vuelve el pobre a su pobreza,
Vuelve el rico a su riqueza
Y el señor cura a sus misas”

Una metáfora de lujo para la televisión gritona de estos tiempos. Y que de no haber sido por la tiranía del horario, el politólogo hubiera completado hasta el final de la canción:

“Se despertó el bien y el mal
La pobre vuelve al portal,
La rica vuelve al rosal,
Y el avaro a las divisas”

“Se acabó,
El sol nos dice que llegó el final
Por una noche se olvidó
Que cada uno es cada cual.
Vamos bajando la cuesta
Que arriba en mi calle
Se acabó la fiesta”

Por varios días la Cumbre del G20 desplazó el foco de atención pública de la peor crisis económica que vive el país desde el 2002. Fue una inigualable concentración de poder político y glamour, que con el poder de los medios mediante, se mostró como una fiesta que pudo hacer olvidar transitoriamente que cada uno es cada cual.

Como en toda fiesta el hechizo se fue con los invitados y la realidad de la crisis económica parecía volver al primer pleno. Pero justo cuando “la pobre volvía a tomar plena conciencia de su lugar y la rica a disfrutar del rosal”,
apareció Patricia Bullrich con su peligrosa reglamentación para el uso de
armas de fuego por parte de las Fuerzas de Seguridad.

Como en toda fiesta el hechizo se fue con los invitados y la realidad de la crisis económica parecía volver al primer pleno

Una iniciativa tan peligrosa que hasta Elisa Carrió la asoció al fascismo, pero a su vez muy efectiva para correr una vez más del centro de la escena a la crisis económica.

Lo que el G20 logró festivamente, la ministra de Seguridad lo consiguió tocando la fibra sensible de una sociedad que tiene una sensación desmesurada de la inseguridad reinante y que es cada vez más permeable a la demagogia del discurso punitivista.

No fue casualidad sino una planificada sincronía para que la incipiente campaña electoral no sea dominada por la economía. El Gobierno está convencido de que las chances de triunfo no pasan por ahí.

Eso no sólo los lleva a intentar instalar una agenda de temas no económicos. Además, han llegado a la conclusión de que lo más conveniente en materia económica con vista a las elecciones no es apostar a una recuperación rápida, sino evitar a toda costa que la situación vuelva a descontrolarse.

Han llegado a la conclusión de que lo más conveniente en materia económica con vista a las elecciones no es apostar a una recuperación rápida sino evitar a toda costa que la situación vuelva a descontrolarse

El cálculo político que realizan les indica que lo que pueden lograr tomando medidas de estímulo al nivel de actividad no compensan el riesgo que eso implica para la consolidación de un ajuste que estabilice el dólar y frene la inflación.

La economía no será el mejor activo

El feroz torniquete a la emisión monetaria y las tasas asesinas vigentes desde la asunción de Guido Sandleris en el Banco Central “tiene como objetivo principal (¿único?) transitar sin nuevas disrupciones el año que queda hasta la elección presidencial“, señala el último informe semanal de la consultora Macroview, la consultora de Carlos Melconian y Rodolfo Santángelo.

“Se trata de un esquema de emergencia que apuesta a una restricción monetaria extrema en pos de abortar cualquier espiral tipo de cambio –precios – salarios y evitar el default”.

El informe pronostica que con ese grado de iliquidez “es esperable una caída (tal vez fuerte) en la tasa de inflación, pero al mismo tiempo está la chance de incurrir en una contracción económica profunda y especialmente larga”. Califican a la política de “riesgosamente recesiva”.

Como se ve, ni siquiera en tribunas oficialistas hay certeza de que la apuesta extrema termine siendo electoralmente redituable. Por si había alguna duda de que la prioridad excluyente del Gobierno es evitar cualquier cimbronazo financiero, el vice del Banco Central, Gustavo Cañonero, se encargó de aclarar que a pesar de haber sobrecumplido las metas monetarias y fiscales pautadas con el fondo van a ser muy cautelosos antes de bajar sensiblemente las tasas de interés.

Con semejante apego a la ortodoxia no hay razones de peso para esperar que la recesión revierta en una recuperación rápida y notoria para mucha gente. Una alternativa posible dentro del esquema esperable por parte de este Gobierno –planteada por Melconian y Santángelo- es que se produzca un extraordinario aumento en la oferta de dólares que baje la cotización al piso de la banda de intervención y le permita al Banco Central comprar divisas y expandir la masa monetaria.

Con el apego a la ortodoxia no hay razones de peso para esperar que la recesión revierta en una recuperación rápida y notoria para mucha gente

Por el momento, no hay nada que indique que ello vaya a ocurrir por un alza en las exportaciones, que han reaccionado poco tras la devaluación. Por el contrario, la principal preocupación de funcionarios, analistas y ahorristas es que el deterioro social provocado por el ajuste incremente la chance de un triunfo de Cristina Fernández de Kirchner y eso dispare nuevamente una corrida.

Tokatlian no fue el único que en estos días apeló a la metáfora de la fiesta. Ricardo Arriazu, uno de los consultores más cotizados de la city cree que el problema que llevó a Cambiemos al fracaso económico es que hubo una fiesta que benefició “a las 900 mil personas que agregamos al sistema jubilatoria”, a los que recibieron la Reparación Histórica, a “que no bajaran lo salarios en  dólares”, y a que “no corrigiéramos diez años de boom de consumo”.

“La gente creía que estábamos en un ajuste salvaje y seguíamos de fiesta”, dijo quien fue asesor de los Chicago Boys que condujeron el Banco Central durante la gestión ministerial de José Alfredo Martínez de Hoz.

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