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Patricia Sarán pensó que era parte del show pero el hombre había caído seco al piso. El padre del bailaor Farruquito se había desarmado como una marioneta de plomo. De esta, como de muchas anécdotas que contará a lo largo de una tarde, no recordará el año.

Los diarios de la época -2001- cuentan que el cantaor Juan Fernández Flores sufrió un infarto mientras actuaba en el Museo Fernández Blanco. Ahí estaba Sarán. “No nos dejaban salir. Éramos como doscientas personas. Yo sentía que me ahogaba y las minas que cantaban lloraban diez veces más. No sabías si cantaban o lloraban. Desde muy chica tengo muchas muertes cerca, pero la gente que está al lado mío no cae en agonías”.

(Gustavo Gavotti)
(Gustavo Gavotti)

Nacida en La Pampa, se puede precisar cómo: de casualidad. Sus padres habían ido de visita a sus campos de Monte Nievas, una localidad de 470 habitantes, a 45 kilómetros de General Pico. La mamá o tenía mal la fecha probable de parto o se adelantó. Lo que no se puede saber es cuándo: no dirá. Wikipedia dice 1961; ella dice que está mal.
Hija de un estanciero y una madre que fue “profesora de yoga toda la vida”, es la mayor de dos hermanos. Los Sarán vivieron en Caballito, Recoleta y veraneaban en su casa de Punta del Este.

Luego de la sesión de fotos, y luego del ensayo –compone y canta en fiestas privadas– se sienta a una mesa de un restaurant de sushi cercano a su casa, sobre avenida del Libertador, en Martínez, come unas piezas y sorbe de su copa de vino blanco.

—Zaffaroni me había dejado salir de la clase unos minutos antes; yo le había pedido porque tenía un desfile muy importante. Iba a la facultad con una colita, jean y zapatillas y una hora después era una diosa en la pasarela. Los alumnos teníamos que bajar por la escalera, sólo los profesores bajaban por el ascensor. Era tarde, entonces dije: “Yo me mando por el ascensor, no llego, no llego”. El ascensor era reja, pared, reja, pared.

—¿El ascensor de la Universidad del Salvador?

—Claro. Yo en la pared lo paré y me empecé a cambiar porque no llegaba al desfile. No podía llegar como Laura Ingalls. Ponele que estuve siete minutos para cambiarme. Cuando bajo, claro, estaba frenado el ascensor y los profesores estaban esperando. Abro la puerta y había como siete. Me vieron con tacos, toda pintada. Estaba hecha una diosa, ¿entendés? Falté cuatro días a la facultad. Todos jueces, me iban a matar.

Era 1989, Sarán estudiaba Derecho, desfilaba para la marca de ropa Fiorucci y era una de las secretarias de Sofovich en su programa La Noche del domingo. Un tiempo después de aquella huída de la universidad un hombre se acercó al a salida de Canal 13 y le propuso hacer un comercial. Ése que la hizo famosísima aunque muy poco recuerdan la marca. Es más: la mayoría de los argentinos la asocia a otra. El comercial era de Jordache, muchos recuerdan a By Deep o Gatopardo.

(Gustavo Gavotti)
(Gustavo Gavotti)

Apurada, Sarán abría la puerta tijera de un ascensor. En off, su voz acompañaba: “Hola, Soy Patricia. Después de la señal, ¿me dejás tu mensaje?”. Apenas el ascensor arranca comienza a desvestirse. Para ponerse el jean, se sube la falda. Son 25 segundos pero el país recordará tres, un solo plano: el contrapicado de su cola.

—Mi tío, que era obispo, decía que Sarán se escribía distinto porque claro, me querían matar. Mi papá no me habló por ocho meses.

—¿Por esa publicidad?

—Y más vale, querida. Yo ya hacía cola less en Punta del Este. Decía ¿pero qué estoy haciendo de malo? El tema era que los profesores no estaban en Punta del Este.

Mi tío, que era obispo, decía que Sarán se escribía distinto porque claro, me querían matar. Mi papá no me habló por ocho meses

—¿Te preguntó tu papá por qué lo hacías?

—No hablaban así mis padres, directamente te daban órdenes. Creo que lo hice para romper con eso. No necesitaba, ya era conocida, ya trabajaba con Sofovich. Creo que lo hice porque sentía mucha presión. Necesitaba cortar con tanta rigidez de mi familia. Tenía una madre que nos hacía ir con cuarenta grados de fiebre al colegio.

—¿Cómo surgió lo del ascensor?

—Me habían presentado una idea que ya se había visto. Entonces se me ocurrió lo de la facultad, el ascensor. Hubo otra idea, con Dudu (Scuderi, publicista): lo queríamos hacer con un taxi. Pero no nos daba el presupuesto. Entonces vi ese ascensor en un edificio de en Santa Fe y Callao: Le pedí al portero que me dejara grabar ahí. Le dije que mi mamá tenía una deuda, cualquier cosa, no sabía qué decir.

Cuando terminó la secundaria en el colegio San Cirano, donde hizo toda la primaria y secundaria y no la invitaban a los cumpleaños de 15 porque era hija de padres separados –”Era así en esa época”-, Sarán se fue a Suiza. A un “internado carísimo. Me fui a a hacer un ‘finishing school’. Mirá lo que son las cosas: no me fui a Río de Janeiro: me fui a Suiza. Bien estricta”. Ahí estuvo tres años en los que perfeccionó su francés.

Pasarían varios años hasta que descubriera que modelar era “un buen curro”, pero todo empezó a los 14, cuando fue a cortarse el pelo. El peluquero le ofreció cortárselo otro día, en un concurso y, en lugar de pagar ella, él le pagaría. En ese hotel la vio la gente de de Fiorucci. Sarán hizo las cuentas rápido: por una hora de hacer fotos le pagaban montañas de billetes. Las horas de estudio en Derecho -¡y por la mañana!- le prometían, con suerte, caminar con destino los pasillos de Tribunales.

(Gustavo Gavotti)
(Gustavo Gavotti)

A fines de los 80 acompañó a una amiga al casting para La Noche del Domingo. Gerardo Sofovich la eligió a ella. Aunque Sarán explicó que iba de acompañante, Sofovich no escuchó, cuenta ella. Pidió una suma exorbitante y él aceptó en estas condiciones:

—Hágala entrar a mi amiga porque me mata. Y no se lo tome a mal, pero yo como una puta no voy a venir vestida.

—Vení como quieras.

La peluquería, el ascensor, Sofovich. Sarán habla de Osho y Chopra, cree en Osho y Chopra, en el por qué pasa algo. Habla de las señales significativas.

—Estoy marcada. Mi vida tiene cosas como esto: nunca las personas que yo conozco, que están al lado mío, se mueren por enfermedades. Que me permitan despedirme. Siempre son fatalidades, accidentes. Yo lo dejé a mi papá el día de su cumpleaños en su casa, pero al ratito le dije a mi marido: ‘Volvamos, volvamos. Mi papá se va a morir’. ‘Tu papá está perfecto’, decía él. De la nada, una locura. Cuando entramos a casa sonó el teléfono y era mi mamá: mi papá se había muerto de un infarto.

(Gustavo Gavotti)
(Gustavo Gavotti)

—¿De chica también?

—Sí, toda la vida. Una amiga mía se tiró abajo de un tren cuando teníamos 10 años. Sus papás se habían separado, en esa época eso era terrible. Me lo dijo como una boludez. Estábamos nadando y me dijo: ‘Mis papás se separaron. Me voy a matar’. Y yo le hablaba que teníamos que ir a tal o cual lugar.

Mientras estuvo casada varios años con un psiquiatra hizo tele y fue la chica de la saga Bañeros, en cine. Sobre el romance que tuvo con Luis Miguel, del que hace unos días dijo que “es la persona más triste que conocí en mi vida”, no quiere hablar.

Sarán dijo que Luis Miguel “es la persona más triste que conocí en mi vida” (Instagram)
Sarán dijo que Luis Miguel “es la persona más triste que conocí en mi vida” (Instagram)

En 1997 se casó por segunda vez, con uno de los dueños del restaurante Rodizio. La segunda separación fue un padecimiento de 11 años de litigio (su marido había escondido patrimonio en sociedades offshore). También perdió el olfato. En 2011, en el programa de TV Animales Sueltos, Sarán contó que un día se levantó, fue a la cocina a preparar el café y no lo olía. No olía nada. El médico lo atribuyó a un pico de estrés.

—¿Por cuánto tiempo no tuviste olfato?

—Hasta hoy.

—¿Te sigue pasando que te subís a un ascensor y te hacen algún chiste?

—Todo el tiempo. Me pasa que subo a un ascensor de empresarios en Puerto Madero, hay 12 personas y yo digo: ‘Bueno dale, quién lo va a decir’.

—¿Cómo fue en el momento que salió la publicidad?

—Era imposible. Tenía treinta tipos durmiendo abajo de mi casa. Yo estaba haciendo Amándote, me seguían treinta autos de pendejos, desde mi casa hasta la grabación y dormían abajo de mi casa. Mi marido psiquiatra no era del palo, me quería matar. Y yo también me quería matar porque no me daba cuenta. ¿Qué tiene que ver que vos hagas una publicidad sensual? ¡Era una actuación! En un desfile en Corrientes cuando estaba por salir a la pasarela, vino una señora y me dijo: ‘Decile a Grecia Colmenares que se puede quedar a dormir en casa’. Grecia Colmenares hacía de pobre, de ciega, de esto, de lo otro y la mina se creía la novela. Qué sé yo. Dora Baret me contó que cuando hacía de mala le tiraban huevos. Me di cuenta que había gente que confundía la realidad con la fantasía y bueno, los tipos también. Me ha pasado hasta con gente que estuve de novia que esperaba que yo saliera con el látigo.

(Gustavo Gavotti)
(Gustavo Gavotti)

—¿Qué te pasó?

—Un día estaba haciendo el amor con un novio y me hace así (gira el dedo en el aire), como: “¿Vamos por la segunda?”. ¡Ni en pedo! Hacía cinco años que estábamos de novios. Entonces se prende un faso, me mira y me dice: “Qué estafa vos, Sarán. Que estafa vos, ¿no? Mis amigos me dicen: ‘Ah, lo que debés coger’. Nunca en mi vida menos”. Yo le dije que una cosa es lo que vendo y otra es lo que soy.

Ahora está trabajando en una canción que escribió en homenaje a Rodrigo Bueno. Se llama “Pura pasión” y grabará el video con su hijo, Ramiro. Mañana retomarán el ensayo con los músicos que quedó trunco la tarde anterior por un llamado: el papá de uno de ellos había fallecido.

—Cuando sonó el teléfono yo lo miré y le hice pulgar para abajo.

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