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Laura Cruz estudia ingeniería nuclear en el Instituto Balseiro
Laura Cruz estudia ingeniería nuclear en el Instituto Balseiro

Laura Cruz es salteña, tiene 23 años y está a punto de recibirse de ingeniera nuclear en el Instituto Balseiro en Bariloche. Ella pertenece a la pequeña minoría de argentinos que decide seguir esta especialización. El año pasado solo 76 estudiantes se abocaron a esta rama de la ingeniería en instituciones estatales, según datos del Ministerio de Educación.

De ellos, apenas 14 son mujeres. Estos datos reflejan una brecha de género que se da prácticamente en todas las especializaciones (salvo en Textil): en la actualidad, en ingeniería tan sólo el 24% son estudiantes mujeres.

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Y a esas pocas mujeres que se dedican a esta rama del estudio les va muy bien. En 2015, por ejemplo, el 50% de los mejores promedios eran mujeres, según datos de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN). A su vez, el 43% de los estudiantes premiados en 2017 fueron mujeres, de acuerdo con estadísticas de la Universidad Austral.

Cruz, que está dentro de esa pequeña minoría que estudia ingeniería, eligió una especialización poco frecuente con una meta muy clara: sueña con encontrar una cura para el cáncer.

«Me voy a recibir en junio. Me falta rendir dos materias y presentar el trabajo final, que se va a basar en analizar los radioisótopos que más aplicaciones podrían tener en los próximos años», cuenta a Infobae, durante una entrevista telefónica desde Salta, donde ahora está instalada para visitar a su familia y disfrutar de un merecido descanso.

Laura durante una visita a la Central Nuclear Embalse.
Laura durante una visita a la Central Nuclear Embalse.

Según cuenta, en el Balseiro sus días arrancan muy temprano y se pasa toda la jornada estudiando. Las clases comienzan a las 8.30 y duran hasta pasado el mediodía, luego de un pequeño receso para almorzar, retoman la cursada que dura hasta las 19. ¿Qué hace después? Sigue estudiando. A lo sumo se toma un pequeño recreo para caminar, pero tiene la disciplina de repasar todo lo que vio en el día hasta que se va a dormir, entre las 10 y 11 de la noche.

La cursada supone un gran esfuerzo, pero ella no se queja. Por el contrario, está muy agradecida de poder estudiar lo que le apasiona. Y sabe que entrar al Balseiro, así como sostener la exigencia que supone estar allí no es fácil.

Laura cuenta que siempre le gustó leer y entender cómo funciona el mundo. En el secundario se destacó por sus notas. «Era muy buena alumna», dice, entre risas, pero sin ocultar su alegría por aquel mérito. En la escuela participó de olimpíadas de Biología, Matemática, Geografía e Historia. Siempre tuvo un intelecto inquieto.

Asegura que en su casa la incentivaron para que siguiera su pasión. Sus papá era guardiacárcel y su mamá, polícia. Ahora ambos están jubilados. «Mis papás y mis abuelos siempre leyeron mucho. Ellos me compraban muchos libros cuando era chica, querían que mis hermanos y yo tuviéramos conocimiento, que adquiriéramos cultura», dice.

Laura tiene dos hermanas, de 27 y 25 años, además de un hermano de 20. La mayor estudia Administración de Empresas; la que le sigue está haciendo Ingeniería en Recursos Naturales y el menor está por ingresar a Medicina. Por lo que se ve, todos tienen presente esa inquietud por el saber. Ella refuerza una y otra vez que en su casa siempre les facilitaron (a ella y a sus hermanos) el camino para que estudiaran.

Laura con sus compañeros de curso.
Laura con sus compañeros de curso.

La joven asegura que su interés por la ingeniería surgió después de hacer el taller Física para todos que dicta el profesor Daniel Córdoba en Salta. «Tenía 15 años, fui porque quería profundizar mis conocimientos en Física y cuando terminé el curso me decidí por hacer Ingeniería Química», explica.

Y así lo hizo: comenzó a estudiar Química en la Universidad Nacional de Salta hasta que, cursando Materia Inorgánica, se topó con el universo de la radiación y comenzó a soñar con ingresar al Balseiro. Eso fue en 2015, al año siguiente ya estaba en Bariloche.

«Cuando me reciba, quiero hacer una maestría en el área de Medicina Nuclear. Seguramente la haré en el Balseiro y luego veré donde hacer el doctorado, pero seguro será en el país. Me gustaría quedarme acá. Quiero estar en mi país», señala.

Y añade: «Apenas entré a la carrera quería trabajar en una central nuclear porque me gustaba el proceso de generación de electricidad, pero al avanzar me comencé a interesar en la medicina nuclear porque siento que se puede ayudar a mucha gente. En particular con el cáncer, donde ya se están haciendo varias investigaciones para avanzar».

Cruz quiere ayudar a las personas y sueña con encontrar nuevas aplicaciones para ayudar a encontrar una cura para el cáncer. «No quiero quedarme en la teoría, me gusta pensar en cómo llegar a la gente, en encontrar aplicaciones concretas, sobre todo en salud», subraya.

Cuando se le consulta quienes son sus referentes, destaca el trabajo del italiano Enrico Fermi, conocido por ser el físico que desarrolló el primer reactor nuclear. También remarca el rol de Madame Marie Curie, pionera en el campo de la radioactividad.

En la especialización de ingeniería nuclear en el Instituto Balseiro hay 16 estudiantes, de los cuales solo dos son mujeres.
En la especialización de ingeniería nuclear en el Instituto Balseiro hay 16 estudiantes, de los cuales solo dos son mujeres.

«Fue una persona muy influyente y sacrificada. Además fue la primera persona en ganar dos premios Nobel en distintas áreas (Física y Química)«, analiza. También fue la primera mujer en ocupar el puesto de profesora en la Universidad de París.

El rol de Curie y el hecho de que todavía las mujeres sean minoría en el rubro de las ingenierías (y en particular en algunas especializaciones como la nuclear), lleva la charla hacia el tema de género: ¿por qué hay menos presencia femenina en estas disciplinas?

«Pienso que hay poca divulgación sobre la carrera y a veces para las mujeres es más difícil despegarse del lugar de donde vienen: dejar la familia o los amigos», reflexiona. Ella alienta a que se sumen cada vez más mujeres a esta disciplina.

«Hay muchas oportunidades, y es un área donde siempre hay algo nuevo por aprender«, apunta y remarca: «Por lo que sé, según me cuentan mis profesores y por lo que pude ver yo también, el salario de hombres y mujeres está equiparado».

En áreas donde la demanda es alta y la oferta es reducida, hay menos espacio para la brecha salarial. Por eso, la diferencia suele ser menor en aquellos puestos donde se requiere mayor especialización. Aunque, en promedio (y más allá de las ingenierías en particular), la balanza todavía está inclinada en favor de ellos: los hombres ganan un 23,3% más que las mujeres, según datos de la Dirección General de Estadísticas y Censos (DGEyC) porteña.

Cruz dice que quiere alentar a los jóvenes a estudiar carreras científicas. «A veces doy charlas en en el taller del profesor Córdoba. Quiero motivarlos para que sigan estudiando«, subraya.

Ella, por su parte, sabe que le esperan muchos años más de estudio. Espera poder cumplir el sueño de abocarse a la investigación para encontrar una cura para el cáncer. Sabe que eso implica horas de estudio. Y lo celebra: después de todo, sigue tan ávida de saber como cuando era apenas una niña y se devoraba los libros que le regalaban sus padres y sus abuelos.

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