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La imagen titulada “Mi esposa y mi suegra” se volvió viral por primera a fines de siglo XIX
La imagen titulada “Mi esposa y mi suegra” se volvió viral por primera a fines de siglo XIX

Los desafíos online mediante los cuales se pretende generar que la mayor cantidad de personas le dediquen al menos unos segundos de atención a una imagen determinada, no son nada nuevo.

Pero si se trata de desnudar la forma en la que alguien piensa sin tener que recurrir a un exhaustivo análisis psicológico, existe una placa en particular que podría ayudar a revelar muchos detalles sobre la personalidad, independientemente de la edad de la persona en cuestión.

Es que el dibujo en cuestión, realizado en blanco y negro, podría ser dos cosas completamente opuestas al mismo tiempo. Todo depende de quien lo mire y como este responda a una ilusión óptica diferente que invita a llevar el concepto de lo que se conoce como “ambigüedad perceptiva” a otro nivel.

La obra fue asignada en su momento al caricaturista inglés W. E. Hill, quien la publicó en 1915
La obra fue asignada en su momento al caricaturista inglés W. E. Hill, quien la publicó en 1915

¿Qué es lo que ves? ¿Acaso se trata de una joven y bella mujer de alrededor de unos veinte años, o en realidad será una anciana de rasgos duros y gesto de pocos amigos?

Ambas están presentes, pero no pueden ser vistas de forma simultánea. Según los expertos, este tipo de imagen reversible y de doble interpretación sirve como un excelente ejemplo para mostrar como el cerebro puede analizar una figura completamente estática.

Todo cambia al momento de analizar en profundidad los distintos contornos y delineados. Lo interesante del dibujo es que, más allá de su presunta ambigüedad, el cambio a nivel de percepción no tiene que ver con la inversión de su posición o el posicionamiento del observador, como se suele dar en la mayoría de los casos.

El todo nunca es igual a la sumatoria de sus diversas partes, sino algo diferente
El todo nunca es igual a la sumatoria de sus diversas partes, sino algo diferente

El momento en el que un tersa mejilla se convierte en una nariz, todo cambia para quien ve el dibujo. Si una línea antes era interpretada como la región nasal, inmediatamente las zonas aledañas se convierten en la boca, en el sector inferior, y los ojos en el superior.

Sucede que el sistema visual suele agrupar distintas áreas supuestamente vinculadas, de forma conjunta.

El neurocientífico y fisiólogo británico David Marr afirmaba que “la percepción es la construcción de una descripción” y este dibujo serviría para probar su teoría.

La visión es, en definitiva, un proceso activo que intenta darle sentido y coherencia a la información que recibe. Es por eso que la psicología de la Gestalt, la cual propone una línea intelectual que rompe con el conductismo, sirve para explicar esta imagen y todo aquello que no puede reducirse sólo a lo que es directamente observable o medible.

Luego de surgir en Alemania a principios de siglo XX, la teoría de la Gestalt rechazaba la consideración de los estados subjetivos de consciencia a la hora de investigar el comportamiento de las personas. En su lugar ponía énfasis en los efectos que el contexto familiar, y por extensión social y cultural, tienen sobre las personas.

Según los “gestaltistas”, todos nosotros creamos en nuestra mente imágenes más o menos coherentes sobre nosotros mismos y lo que nos rodea. Estas no son la simple unión de las secuencias de información que nos llegan a través de nuestros sentidos, sino algo más.

Por eso es que los marcos de percepción de la realidad que son construidos al asignar a la imagen una identidad joven o vieja pueden decir mucho sobre las posturas y experiencias de vida de quien la examina. Para la psicología de la Gestalt, el todo nunca es igual a la sumatoria de sus diversas partes, sino que es algo diferente.

Salvador Dalí estaba fascinado por las imágenes engañosas y llegó a crear una propia con su “extraña mujer”
Salvador Dalí estaba fascinado por las imágenes engañosas y llegó a crear una propia con su “extraña mujer”

La obra en cuestión fue asignada en su momento al caricaturista inglés W. E. Hill, quien la publicó en 1915. Pero el hombre en cuestión no habría más que adaptado a la ilustración de un concepto original que ya circulaba alrededor del mundo en formato de tarjetas coleccionables e intercambiables.

Su registro más antiguo tomó la forma de una postal de origen alemán, fechada en 1888. Un ejemplar de 1890 la tituló “Mi esposa y mi suegra”, haciendo clara alusión a la diferencia generacional y de aspecto entre ambas mujeres.

La misma fue luego adaptada y alterada por otros, entre los que se destacaron los psicólogos R. W. Leeper y E. G. Boring que la popularizaron entre sus pares hacia la década del treinta.

En un intento por hacer de la imagen una más políticamente correcta, en 1961 J. Botwinick la rediseñó con la intención de ofrecer una alternativa masculina titulada “Esposo y Suegro”. Pero más allá de distintos guiños democráticos, la imagen sigue generando fascinación incluso en la era de las redes sociales y el aluvión sensorial que vive nuestra generación.