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El presidente del bloque PRO de la Cámara de Diputados, Nicolás Massot. (Patricio Murphy)
El presidente del bloque PRO de la Cámara de Diputados, Nicolás Massot. (Patricio Murphy)

¿Quién conoce más lo que sucede en un territorio? ¿El que tiene el mapa más grande y preciso o el que sabe lo necesario para moverse sin perderse? En el cuento Del rigor de la ciencia, Jorge Luis Borges exhibe el absurdo de quien para tener exactitud hizo un mapa tan grande como el país hasta que «generaciones siguientes entendieron que ese dilatado mapa era inútil y lo entregaron a las inclemencias del Sol y los Inviernos».

Nicolás María Massot (economista, 34 años) es la otra autoridad de Diputados que ya anunció que no renovará su banca, o sea, no tiene la menor idea de cuál será su futuro en la política, aún ganando Cambiemos la Presidencia de la Nación.  Sus amigos dicen que el año próximo podría irse a estudiar al exterior, mientras cría con su mujer Chiara a su hijo, nacido hace pocos meses.

Hoy es jefe del bloque del PRO y mano derecha de Emilio Monzó, el presidente de la Cámara, con quien inició su carrera política, primero como director de Reforma Política e Institucional de la Ciudad de Buenos Aires y luego como armador en Córdoba, a donde se terminó mudando en el 2013.

Cuando aterrizó por primera vez en la provincia mediterránea, allá por el 2011, no había nadie del PRO. Un año antes de la presidencial del 2015, logró atar la coalición con la UCR que produjo la victoria en Marcos Juárez de un candidato macrista, Pedro Dellarrosa, derrotando al peronismo. Allí se inició lo que tiempo después se llamaría Cambiemos.

Con 30 años, fue incluido en el quinto lugar de la lista de candidatos a diputados que encabezó Mario Negri, cuando Cambiemos-Córdoba alcanzó más del 50% de los votos, derrotando a Unión por Córdoba que apenas obtuvo un poco más de 21% y solo colocó a dos diputados. De ahí saltó a una de las más altas responsabilidades políticas, bajo el ala de Monzó.

Un día Infobae le preguntó a Massot por qué se lanzó a armar el PRO en Córdoba. «Había que empezar de cero y nadie quería ir y, cuando Emilio me lo propuso, no dudé, era una plataforma ideal para aprender todos los palotes de la política territorial en una provincia magnífica», contó.

Nicolás Massot y Mario Negri, presidente del interbloque Cambiemos. (Télam)
Nicolás Massot y Mario Negri, presidente del interbloque Cambiemos. (Télam)

Massot llegó a la Cámara de Diputados muy joven y henchido de optimismo. El esfuerzo había valido la pena. A poco de andar, notó que había un fuerte trabajo desde Casa Rosada para deslegitimarlo en Córdoba, pero nadie regala nada en la política y entendió razonable que se vea obligado a defender lo que había construido prácticamente solo.

Mientras tanto, acompañando a Monzó, trabajó por la ampliación de Cambiemos con gobernadores y referentes del peronismo. Así como habían trabajado para la alianza con los radicales, llegaron al Gobierno y buscaron incluir a algunos peronistas para fortalecer la coalición y la gestión. Pero perdieron la discusión y, paulatinamente, se fueron alejando de las decisiones.

Monzó también era un hombre del territorio. Son decenas las anécdotas de jóvenes que fueron a recorrer distritos inhóspitos para el PRO en la provincia de Buenos Aires, para buscar candidatos sin trayectoria política pero con legitimidad local para competir en las elecciones.  Dirigentes radicales de todo el país recuerdan que, cuando Monzó llegaba a alguna localidad, era como que llegara Macri, porque era el que decidía en su nombre.

Pero la llegada al poder desgastó el vínculo de Monzó con Macri y la gobernadora María Eugenia Vidal, y quedó confinado en los despachos de la Cámara de Diputados, donde se siente encerrado. Lo mismo sucede con Massot, igualmente acostumbrado a «subirse a un auto y escuchar a uno y otro en locales y bares de la provincia, buscar caminos donde otros solo ven obstáculos y encontrarle la quinta pata al gato que todo el mundo sabe que tiene cuatro», según cuentan sus amigos cordobeses, tampoco quiere seguir donde está.

Massot sigue controlando el PRO cordobés, uno de los partidos que renunció a Cambiemos en esa provincia para constituir la alianza Córdoba Cambia, con el Frente Cívico, que lleva a Negri como candidato a gobernador, porque Ramón Mestre competirá con la histórica lista 3, de la UCR.

Sus candidatos acompañan a Negri en las listas, pero la gente de Mestre asegura que si hubiera cerrado con ellos, tendrían más y mejores lugares. También se amargan porque, con la intervención de la Casa Rosada, no solo tienen asegurada la derrota para la gobernación, sino que es probable que también pierdan las elecciones por la intendencia de Córdoba.

«La estrategia que eligió Balcarce para el acuerdo de las partes es equivocada, había que empezar cerrando la ciudad y después acordar la gobernación, pero pusieron el caballo delante del carro porque se hizo desde Buenos Aires, sin conocer lo que pasa en la provincia», aseguró un referente del ahora candidato radical. Y, sobre todo, lamenta que Rodrigo de Laredo, un joven con excelente imagen en la ciudad con altas chances para ganar la intendencia, «pierda por la competencia que le hará Luis Juez, que no tiene chances».

Dos lógicas en Cambiemos. Una ganó. Otra perdió. No pueden convivir.
Dos lógicas en Cambiemos. Una ganó. Otra perdió. No pueden convivir.

El descalabro que se armó en Cambiemos-Córdoba es de tal magnitud que, incluso, hay quienes aseguran que el PRO trabajará para la candidatura de De Loredo, que también tiene el respaldo de Mario Quintana, con quien mantuvo un excelente vínculo mientras era vicejefe de Gabinete y el candidato era el titular del ARSAT.

Así, no solo se dividió el radicalismo, el PRO, el Frente Cívico (Juan Carlos Quinteros se fue y competirá contra Juez), sino también la CC (Quintana quería que hubiera internas de Cambiemos en Córdoba, contra lo que quería Elisa Carrió). Maquiavelo no pudo haberlo planificado mejor.

¿Era ese el objetivo de Macri? ¿Quiere el Presidente que gane Juan Schiaretti? ¿O simplemente no le importa quién gane o quién pierda en Córdoba, mientras los electores lo voten para la Presidencia? ¿Prefiere gobernar en alianzas inestables con gobernadores opositores, sin respaldo territorial? ¿O simplemente no le interesa la construcción de una fuerza diversa, con perfiles y habilidades distintas?

¿Alcanza ser el dueño del mapa para entender el territorio? ¿Los nuevos algoritmos que delatan la conducta de los electores, la inteligencia artificial cognitiva que puede alterarlos, son en estos tiempos los mapas que marcan el camino en la nueva política? ¿Tantos dirigentes tiene el PRO que puede darse el lujo de perder dos grandes negociadores políticos? Evidentemente, en Casa Rosada creen que sí.

La distancia entre la ficción y la realidad es un asunto que devela a los políticos de todo tiempo y lugar. Quizás el nuevo mapa digital alcance para derrotar a los expertos territoriales. Pero tal vez no. Habrá que ver qué enseñanzas deja en Cambiemos el larguísimo año electoral.

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