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Donald Trump.
Donald Trump.

La creciente tensión generada por el juicio político entre el Congreso y la Casa Blanca casi ha echado por tierra cualquier esperanza de avance en la mayoría del trabajo legislativo de este otoño y, en cambio, ha mejorado las perspectivas para que, en solo unas semanas, se autorice una iniciativa muy importante: un amplio pacto comercial nuevo entre Estados Unidos, Canadá y México.

Legisladores distinguidos de ambos partidos, así como otras personas cercanas a las conversaciones, afirmaron que se han logrado avances sustanciales para resolver los temas conflictivos, por lo que es posible que la votación decisiva de la Cámara de Representantes sobre el acuerdo que remplazará al Tratado de Libre Comercio de América del Norte ocurra antes de que el Congreso suspenda actividades por la festividad de Acción de Gracias.

Este acuerdo, justo cuando en la capital domina una dinámica de apariencia disfuncional, podría ser un punto de fulgor extraordinario cuyo panorama luce más positivo debido a que se conjuntaron el tiempo propicio, una serie de negociaciones productivas a puertas cerradas durante meses, y la necesidad política de dos partidos con motivos muy particulares para querer llegar a un acuerdo exitoso.

“Vamos rumbo a una respuesta positiva”, informó la semana pasada la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, a un grupo de periodistas, en una de las señales más claras hasta este momento de que aplicará todo el poder de su liderazgo para lograr la aprobación del llamado Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá.

Ambos partidos tienen fuertes incentivos políticos para aprobar el acuerdo a pesar del profundo escepticismo que inspira entre los demócratas debido a la experiencia del pasado, cuando, tras la ratificación del TLCAN en 1993, aumentó el flujo de empleos estadounidenses a México.

Para el presidente Donald Trump y los republicanos, el tratado es una prioridad que podría favorecer a las empresas estadounidenses y ayudar a los agricultores que atraviesan dificultades, además de mostrar a la ciudadanía que han sido buenos guardianes de la economía. En cuanto a los demócratas, para los legisladores de los distritos competidos el tratado sería un logro puesto que es muy popular entre sus representados, además de que les permitiría responder a críticas sobre las escasas conquistas alcanzadas durante su tiempo en Washington, donde por lo regular han aprobado legislación que no pasa del Senado, controlado por los republicanos.

Toda esta situación adquiere mucha mayor relevancia ahora que los demócratas de la Cámara de Representantes realizan investigaciones con miras a un posible juicio político, que podrían culminar con la destitución del presidente. Los demócratas que representan distritos de preferencia republicana enfrentan una posible reacción negativa de los electores republicanos e independientes furiosos por el énfasis que los demócratas han puesto en la impugnación, por lo que necesitan demostrar que son capaces de impulsar políticas que beneficien a los estadounidenses.

El sector automotriz, uno de los más espinosos en el nuevo TLCAN
El sector automotriz, uno de los más espinosos en el nuevo TLCAN

“Vamos a demostrar que es posible gobernar también”, indicó el representante Richard E. Neal, demócrata de Massachusetts, quien encabeza el Comité de Medios y Arbitrios. Neal viajará con una delegación a México para participar el martes en una reunión con el presidente Andrés Manuel López Obrador, con el propósito de afinar las últimas confirmaciones necesarias para algunos aspectos del convenio comercial.

Los demócratas de mayor rango también consideran que el tratado les permitirá alcanzar algunas metas progresivas importantes para las que sería imposible conseguir de otra forma el respaldo del gobierno republicano. Los republicanos consideran algunas medidas que podrían utilizar como incentivos para los demócratas, como un plan para apuntalar las pensiones que han promovido Neal y los sindicatos laborales.

Los demócratas de la Cámara y el representante comercial de Estados Unidos, Robert Lighthizer, desde hace semanas han intercambiado propuestas y ajustes a las mismas, con la intención de satisfacer algunas garantías laborales y ambientales solicitadas. Ambos partidos afirman que las conversaciones confidenciales han producido resultados que van fortaleciendo la confianza de que Pelosi pondrá la medida a votación pronto.

“El estira y afloja ha requerido mucha paciencia, pero creo que ya pusimos el balón más cerca del área de gol”, señaló Neal.

Incluso los demócratas que ven con escepticismo el tratado debido a su experiencia pasada afirmaron que las conversaciones con Lighthizer, quien ha logrado mayor credibilidad entre los legisladores, han sido sustanciales y productivas.

Algunos temas importantes todavía podrían impedir que se llegue a un acuerdo definitivo. Por ejemplo, no está claro cómo planean los negociadores abordar las objeciones de los demócratas en cuanto a una disposición que busca ofrecer protecciones a las empresas farmacéuticas para sus productos nuevos. Los demócratas argumentan que ese tipo de medidas podrían poner en riesgo propuestas futuras de promulgar leyes para reducir el costo de los medicamentos que requieren receta médica.

Los demócratas sostienen que su principal temor es que México no aplique las disposiciones del tratado en áreas como los requisitos del salario mínimo y normas ambientales, y que no se permita a Estados Unidos realizar inspecciones para determinar si se cumple el tratado. Por si fuera poco, una noticia sobre recortes en el presupuesto de la secretaría del Trabajo de México generó alarma entre ellos, aunque la respuesta del gobierno mexicano no se hizo esperar para calmar las aguas.

Los republicanos encargados del cabildeo del tratado aseveran que apoyarlo debería ser una decisión sencilla para los demócratas que han criticado desde hace tiempo el TLCAN, pues la versión nueva constituye una actualización con varios elementos mucho más progresivos que el acuerdo vigente, como los nuevos límites de los salarios mínimos.

El senador Rob Portman, republicano de Ohio, uno de los principales negociadores comerciales durante la presidencia de George W. Bush, es uno de los promotores más decididos del convenio y ha intentado convencer a los demócratas de sus ventajas.

“Si no le dan su voto a esta propuesta, significa que prefieren decirle ‘sí al TLCAN’ y políticamente para la mayoría de los demócratas, el TLCAN es una palabra inconveniente”, explicó Portman. “Creo que la lógica debería ganar al final”.

Más que nada, los demócratas creen que el tratado de comercio es su mejor opción para lograr algún éxito bipartidista en un ambiente tan polarizado.

“Las personas entienden y valoran nuestro esfuerzo para lograr la aprobación, y nuestra meta es hacerlo bien”, comentó la representante Lizzie Fletcher, demócrata de Texas.

Con todo y la prioridad que tanto el gobierno de Trump como los republicanos del Congreso le han dado al tratado de comercio, en días recientes han surgido inquietudes sobre la posibilidad de que Trump, furioso por las acciones en torno al juicio político, decida dar marcha atrás al pacto e intente culpar a los demócratas por su fracaso, argumentando que no lograron concretarlo debido a su necedad de concentrarse en el proceso de impugnación.

“¡Los demócratas buenos para nada no tienen tiempo de hacerlo!”, tuiteó Trump el jueves acerca del acuerdo comercial.

A fin de cuentas, en opinión de los partidarios del tratado, la Casa Blanca asumirá la aprobación en el Congreso de este pacto de negociaciones tan prolongadas como una victoria importante para el presidente.

“Nuestra actitud es de optimismo”, dijo Neil Bradley, vicepresidente ejecutivo de la Cámara de Comercio de Estados Unidos. “La presidenta de la Cámara ha hecho declaraciones que nos invitan a serlo y, en realidad, han logrado avances en las negociaciones”.

“Al final del día”, concluyó, “queremos demostrar que no nos consume el asunto del juicio político”.

*Copyright: c.2019 The New York Times Company